ALEXIS DE TOCQUEVILLE: LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA

Democracia; a semejanza de un nuevo “dios”, se crea por el hombre para seguir dominando a una comunidad ambiciosa y darle una carnada que le permita sentirse libre y determinante en su destino, lo cual es una quimera.

Leer Alexis de Tocqueville (Calderón 2017), es volver a la reflexión sobre la democracia y sus interrogantes, es regresar a su entendimiento para tratar de llegar a conclusiones que nos permitan dimensionarla a través de lo que significó y lo que muy probablemente, signifique para el futuro de la humanidad.

La espontaneidad que Tocqueville hace al registrar su experiencia, nos revela el significado de la esencia de Estados Unidos; sus palabras son visiones que revelan la naturaleza de esa sociedad que hoy es dominante en el mundo; ¿porque son como son?, ¿que los hace “ser” ?; su esencia queda plasmada en una narrativa ambigua, maravillada pero también llena de temor por lo que alcanza a esbozarse en el entendimiento de su propio discurso.

Alexis de Tocqueville, nos revela la percepción de como los Estados Unidos, generan una forma de gobierno mediante una institución clásica que es la democracia, a partir de una conciencia colectiva sobre el camino para conseguir beneficio, ventajas y provecho del entorno, todo puede ser tocado, logrado, alcanzado, la gran revolución democrática.

En efecto, cuando los Estado Unidos de Norteamérica logran su independencia, se organizan a través de la figura de la asociación de individuos, que fortalecen una forma interna de gobernarse y que es lo que hoy tenemos como muestra de una democracia contemporánea, a la “estadounidense”, modelo de estructura política que pregona fundarse en los principios universales de libertad, igualdad, fraternidad y justicia.

En la narrativa de su texto, se logra apreciar, como ese país poderoso, se estructura desde sus cimientos y decide elegir gobierno de una forma “democrática”, y como la población misma a través de sus costumbres y principios, fortalece a la “igualdad”, como su más preciado valor ante el “otro”, para lograr la permanencia de la “dictadura de las mayorías”.

Tocqueville narra como Estados Unidos, en 1836, al ser un territorio tan grande, y que es ocupado por relativamente pocas personas, tiene la necesidad y premura de ser fuerte e igualarse con otras naciones de mayor experiencia, por lo que ellos tienen que comportarse bajo ciertos principios y esquemas que les permita ser fuertes y crecer lo suficientemente rápido para defenderse y dominar a “otros”.

Las primeras colonias de los Estados Unidos fueron de Inglaterra; nación que tiene uno de los sistemas monárquicos más perdurables en la historia, y por ello con convicciones muy fuertes respecto a los beneficios de ese sistema político, por lo que los pobladores de la “nueva Inglaterra”, implementan un sistema contrario al de origen; y se abocan a establecerse en una democracia igualitaria, como la mejor forma que les puede dar autonomía, originalidad, diferenciación, crecimiento económico y poder de dominio.

Es a partir de la primera guerra mundial que Estados Unidos se empieza a considerar como una potencia supremacista, por lo que su influencia en el mundo, también lo será a través de importar su sistema de gobierno, la democracia a la “estadounidense”; que encuentra un medio propicio de desarrollo en los principios y cultura norteamericana, basado propiamente en usos y costumbres sugeridos.

Toda democratización de cualquier sociedad representa un desafío, ¿cómo es posible lograr la igualdad entre los desiguales?; la humanidad se encuentra en el camino de pretender igualarlo todo, quitar límites y diferencias, lograr la igualdad “total”, incluso entre individuos con evidentes diferencias de muchos tipos; pero tal paradoja representa una contradicción más que una realidad plausible. La humanidad está en el camino de desbordar la democracia en todos los ámbitos, ahora, por ejemplo, en ésta democracia un tanto confusa, existe la uniformidad, hábitos arreglados, egoísmo recalcitrante, familia desarraigada, comportamiento infantil; en fin, todo se ha convertido en igualar condiciones, nivelarse por “debajo”, bien instruidos, mal educados, incluso apátridas.

Antes de seguir me parce de suma relevancia, distinguir la diferenciación de la democracia como una forma de elegir gobernantes, y otra la que se nombra como forma de gobierno, que impone el ejercicio del poder.

En efecto, según datos publicados en diversos medios de prensa, en la última elección de los estados unidos de Norteamérica; su actual presidente, Donald Trump, ganó con 62,979,879 de votos, de un total de 323,3 millones de habitantes; es decir, la “mayoría” para gobernar estados unidos, fue tan solo del 19.49% de la población real.

Todavía más desconcertante, representa el hecho de que Hillary Clinton, obtuvo más votos “reales” que el actual presidente; pregunto ¿de qué democracia estamos hablando?

Lo sustantivo de lo dicho en “La Democracia en América”, destaca en las importantes interrogantes que sugiere, ¿un estado social, también puede ser democrático?, ¿reside la democracia que genera la confusión del interés individual con el interés colectivo?, ¿es cierto que la nación será menos fuerte, pero los ciudadanos gozarán de mayor prosperidad?; ¿las personas están conscientes de preferir la igualdad en la servidumbre a la igualdad en la libertad?

El sistema político y de gobierno en los estados unidos, trabaja en el inconsciente general, para lograr que se desee la libertad, pero sin ser ésta su objeto principal, sino lo que en realidad sostiene toda su estructura política es la igualdad, el celo por la diferencia y la envidia por lo que no puedo “tener”.

Sin embargo, para lograr la igualdad, estados unidos trabaja en “igualar” a sus ciudadanos mediante un matiz engañoso y que consiste en desear poco a cambio de tener el poder del consumo.

Si la sociedad trabaja en conjunto para producir lo que todos desean, ya no deben preocuparse por la libertad pues ésta es imposible ante la razón superior de quienes realmente deciden el estado de las cosas.

Dice Tocqueville <<cuando los ciudadanos son todos casi iguales, les resulta difícil defender su independencia contra las agresiones del poder>>, o como diría Hegel <<El drama no es escoger entre el bien y el mal, sino entre el bien y el bien>>; es decir un solo camino posible, aunque haya aparentemente muchas opciones que en realidad te llevan todas al mismo lugar.

En estados unidos la democracia sufrió una sofisticación que permitió asegurar los elementos para la permanencia de una democracia duradera, en donde se percibe que la dictadura de las mayorías tiene una conexión “oculta” muy reveladora, con gobiernos totalitarios de corte socialista.

Ahora se entiende el irreconciliable conflicto que les provoca una nación como Cuba, pues al ser las mismas tan afines en su esencia, ya que ambos sistemas son tiránicos y absolutistas, unos con dinero y otros sin él; al final en ambos se puede válidamente aplicar la frase de Dante Alighieri, en el canto tercero de la Divina Comedia que dice: << ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!>>.

Tocqueville escribe reveladoras lucubraciones en su texto: << “Lo que reprocho más al gobierno democrático, tal como ha sido organizado en los Estados Unidos, no es como muchas personas lo pretenden en Europa, su debilidad, sino al contrario su fuerza irresistible. Y lo que me repugna más en Norteamérica, no es la extremada libertad que allí reina, es la poca garantía que se tiene contra la tiranía.>> (Calderón 2017)

Queda claro que los estados unidos no es un estado liberal, sólo aparenta serlo, porque esa libertad se tiene que sacrificar en favor de una “unidad política” que se considera una forma jurídica verdaderamente democrática y se opta por una tiranía de también relativas “mayorías”, como la más conveniente forma de gobierno, por lo que encontramos acertado lo que califico el Dr. Juan Ignacio Rivero, respecto al actual gobierno norteamericano; que el mismo, “es la peor de las dictaduras posibles”.

Al tener la oportunidad de descubrir una sociedad norteamericana que en sus fundamentos tiene como principio y prioridad, el poder irresistible de cuidar y tutelar sus goces y placeres; marca un reflejo del hombre contemporáneo que está ocupado en su carrera por vivir como todos los demás, pero arrinconado en un sistema político del que no hay manera de salir. Esta visión que enmarca el laberinto que el hombre contemporáneo ha comprado en la ideología estadounidense, como de igual forma sus medios publicitarios y su tecnología, nos muestra como se ha pervertido el compromiso con lo que creo, la voluntad se ha domesticado, <<viviendo la vida que otros no han inventado>> como lo afirma Heidegger. (Calderón 2017)

El “quien” es cualquiera, es “uno”; “todos” somos “iguales”, “nadie” somos “nosotros”, logramos la uniformidad mediante la autenticidad, porque el “todo” nos es ajeno.

Interesante es ver que la enajenación de los estados unidos por medio de su “aplanamiento”, se complementa muy adecuadamente con el “borramiento” del “yo” que sufre el ciudadano en México, traducido en un egoísmo, la negación del otro, y de sí mismo. Ambos combinan para darse una relación donde el vacío de los norteamericanos puede llenar la necesidad de “existir” de los mexicanos, para ser tomados en cuenta.

La democracia en México también funciona, pero a diferencia de estados unidos, aquí trabaja a través de la búsqueda incansable de la justicia, su posibilidad de algún día obtenerla, pero también la resignación de saber que no se alcanzará a menos que el otro deje de ignorarme de “borrarme”; el “otro” que necesito. y quién puede darme la justicia anhelada, en un sistema político donde hay una gran perversión de los fines que como Nación buscamos, y que, de forma cíclica, termina en la fatalidad.

Pericles, considerado por historiadores y políticos como el prototipo del hombre democrático, define la democracia en su famoso discurso fúnebre de la siguiente manera:

«Tenemos un régimen político que no emula las leyes de otros pueblos, y más que imitadores de los demás, somos un modelo a seguir. Su nombre, debido a que el gobierno no depende de unos pocos sino de la mayoría, es democracia. En lo que concierne a los asuntos privados, la igualdad, conforme a nuestras leyes, alcanza a todo el mundo, mientras que en la elección de los cargos públicos no anteponemos las razones de clase al mérito personal, conforme al prestigio de que goza cada ciudadano en su actividad; y tampoco nadie, en razón de su pobreza, encuentra obstáculos debido a la oscuridad de su condición social si está en condiciones de prestar un servicio a la ciudad» (Tulcídides Libro II, 37,1-2)

Como ya lo interpretaron Platón y Aristóteles, existe un doble sofisma en las palabras de Pericles y de la democracia misma, la cual considero, aplica en nuestros tiempos: las «mayorías», no en todos los casos representan la voluntad general, ni necesariamente sus decisiones son las más sensatas.

 

 

Bibliografía

1 Samuel, 8: 1-22 (La Biblia de las Américas). s.f.

Calderón, José Ignacio Rivero. Antología; La democracia en América. México, 2017.

Tulcídides. Historia de la Guerra del Peleponeso. Libro II, 37,1-2.

noviembre 24, 2018

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